sábado, 2 de agosto de 2008

Ixhuacán de los Reyes, un ejemplo del urbanismo Novo hispano del siglo XVI

UNIVERSIDAD VERACRUZANA.
Facultad de Arquitectura.
Materia: Urbanismo.
Catedrático: Dr. Arq. Daniel R. Martí Capitanachi.
Ensayos y reflexiones.

Ixhuacán de los Reyes, un ejemplo del urbanismo Novo hispano del siglo XVI (*).
“Al descender de dichos montes, entraron en otra llanura muy productiva y abundante en aldeas y campos, cuya capital es una ciudad llamada Téxuacano; todo esto sujeto a Moctezuma”
Pedro Mártir de Anglería.


Introducción.
Durante el siglo XVI, inmediatamente posterior a la conquista de México, se debatían en este territorio dos órdenes distintos, uno civil y otro religioso, con ideas radicalmente opuestas en cuanto hace a la forma sobre cómo se debía colonizar a la Nueva España. Por una parte, la Corona española y las autoridades civiles que veían en la población indígena una fuerza de trabajo inacabable para la consecución de sus fines y para rendir un tributo que fortaleciera sus arcas económicas, y por otra, una representación religiosa, del tipo mendicante, que visualizaba un proyecto humanitario en el que la evangelización tenía como fin, además de cristianizar a los indígenas, integrarlos a una sociedad justa.

La disputa por el poder absoluto entre civiles y religiosos se suscitó hasta los últimos años del siglo XVI, y durante ese lapso, fueron los frailes justamente los que se encargaron de fundar y consolidar la gran mayoría de los asentamientos humanos de Nueva España; así, aún cuando al hablar de urbanismo novo hispano generalmente se alude a la fundación de las grandes ciudades en las que se concentraron los españoles, es menester aclarar que otro punto de vista es el estudio del gran conjunto de poblados fundados por los mendicantes.

Los propósitos del presente trabajo son: 1). Enunciar los distintos modelos de urbanización impulsados durante el siglo XVI; 2). Estudiar las características de uso, forma y función de los poblados franciscanos, y 3). Analizar como estudio de caso la localidad de Ixhuacán de los Reyes por estimarse que están presentes en ella la mayoría de los rasgos urbanos de los poblados franciscanos inmersos en el territorio de la provincia del Santo Evangelio, en México durante el siglo XVI.

1.- Ideas que influyeron en el urbanismo de la Nueva España.
Las diversas fracciones existentes de órdenes de mendicantes en Europa antes del siglo XVI fueron agrupadas por disposición papal en razón de aglutinar en unas cuantas las distintas interpretaciones de la religión cristiana y de su práctica a favor de una unidad deseada como fuente de poder (Nettel, 1989: 23). Las órdenes que más influyeron en el pensamiento español durante esta época fueron los Agustinos, Dominicanos y Franciscanos. Esta última, se caracterizaba por el excesivo rigor en la interpretación de los principios religiosos y la acendrada pobreza de sus miembros.

Antes de la conquista de Nueva España, los mendicantes habían apoyado a la corona española en las labores de evangelización de los sitios más apartados, dada la experiencia recibida por la labor realizada en el predicamento de la religión durante la reconquista de España. Así, para cuando los territorios americanos fueron conquistados, no fue extraño que la Corona decidiera enviar a catequizar a los indígenas del Nuevo Mundo a los frailes mendicantes, en vez de al clero secular.
"La evangelización formal de los mendicantes en México empezó con la llegada de doce franciscanos en 1524. Los Dominicos le siguieron en 1526 y los Agustinos en 1533" (Kubbler 1984: 15).

Las tres órdenes mendicantes compartieron el llamado proyecto franciscano, el cual había sido claramente delineado por la postura de Don Fray Juan de Zumárraga, primer Obispo de México, quien a su vez había sido influido por diversos postulados utópicos de la épocas, destacando el de Tomás Moro, así como por los principios humanistas de Erasmo de Rótterdam. El proyecto franciscano consistía en un total distanciamiento del entendimiento religioso del clero secular jerárquico, para en oposición, estar ligados directamente al Papa, vivir en la pobreza, involucrarse al máximo con la población a evangelizar y pregonar la palabra de Dios al tiempo que se fundaban o consolidaban los asentamientos humanos, ya que por vocación eran predicadores sin vínculos a lugares fijos. Al paralelo, se consideraba que los frailes tenían la potestad para dar sacramentos, fundar templos y monasterios sin que mediara mandato superior alguno, e inclusive de ejercer el poder de castigo sobre los indios cuando éstos se apartaran de los lineamientos dados por el proyecto. "El poder ilimitado de los misioneros llegaba hasta donde su capacidad lo permitía". (Kubbler 1984: 15). Hacia los últimos años del siglo XVI el clero secular tomó primacía ante los mendicantes, dado el apoyo recibido por la Corona, la cual pretendía a través de estas jerarquías recaudar el diezmo y llevar a cabo el repartimiento de indios como una alternativa más viable en términos económicos. En respuesta, los integrantes de la orden se aliaron con los civiles para recibir protección y seguridad económica, dándose simultáneamente con este hecho, el fin de una etapa en la colonización de Nueva España.

Por último, vale apuntar que en relación al proyecto político que se pretendía llevar a cabo en el nuevo territorio, eran dos las visiones que coexistieron: por una parte, la propuesta de la Corona acerca de la existencia simultánea de dos repúblicas, una de españoles y otra de indios, y por otra, la concerniente a la postura mendicante sobre la existencia de una sola, de indios y españoles, donde los primeros no eran esclavos sino semejantes. Esta situación no fútil, influyó en el urbanismo cuando en las ciudades fundadas por ordenanza, se distinguió el espacio urbano español del indígena, en tanto que en las fundadas por los frailes, ambos espacios se organizaron sin distinción alrededor de los templos, formando un todo continuo.



2.- Modelos urbanos novo hispanos.
La circularidad en la traza de la ciudad fue una antigua aspiración en la que se pretendía plasmar en forma ideal a una sociedad igualitaria sin más distingos que sus diferentes ocupaciones económicas. En Europa varios son los modelos de ciudades ideales que con traza radial o rectangular se inscribían en un círculo, añorando la perfección de esta figura; no obstante, pocas son las ocasiones en las que fue posible trasladar este modelo a la realidad y, cuando así sucedió, éste fue imperfecto. También en Europa era decisiva la construcción de una muralla que rodeara a la ciudad de tal forma que ésta fuera una entidad finita y bordeada, con fines de defensa, motivada por los ataques entre ciudades y reinos propios de la Alta Edad Media. La idea de ortogonalidad y de ciudad sin límites parece ser una oposición a los modelos europeos vigentes durante la etapa de la conquista, que circunstancialmente pueden llevarse a cabo en los territorios a colonizar, con excepción de los puertos.

Tres fueron los ejemplos más significativos de los modelos urbanos novo hispanos, según la fuente de poder de la que procedían, aunque todos son remisibles al mismo tipo espacial: la ciudad ortogonal.

El primer caso que constituyó un paradigma urbano en la Nueva España fue el de la ciudad de México, que se levantó sobre las ruinas de la devastada Tenochtitlán, y aunque mucho se ha especulado acerca de la existencia de un modelo urbano que la originó ortogonal, Kubbler expone las dudas de Cortés para reconstruir la ciudad aprovechando los trazos rectilíneos previos del urbanismo indígena. En este caso, la fuente de decisión es del mismo Cortés quien junto con los españoles de la época, poco ilustrados, edificaron la capital de la Nueva España sobre un sitio no adecuado según los cánones del urbanismo europeo, conformando las calles con fachadas continuas más con la idea de originar frentes de defensa ante la ausencia de una muralla, que con la intención de sugerir un modelo de ocupación espacial.

El resultado fue una ciudad cuadrangular en su trazado y libre de murallas, creando un antecedente que parece referenciar el trazado de nuevas ciudades españolas en América que se apartan por completo de la idea peninsular. Lo fortuito del trazado de la ciudad de México puede comprobarse cuando se le compara con el de Cuzco, en Perú, ya que aún cuando esa ciudad es fundada con posterioridad, parece sí adecuarse a la idea total de ortogonalidad simétrica y existencia de murallas, que proponía el incipiente urbanismo renacentista que influía en España en aquella época.

El segundo caso corresponde a las ciudades fundadas a través de permiso otorgado por la Corona para concentrar a la población española. En este ejemplo, la ciudad se fundaba por ordenanza expedida sobre el particular. El modelo de desarrollo territorial planteado en la Nueva España implicó que la fundación de las ciudades destinadas a ser habitadas por los peninsulares respondieran a criterios de funcionamiento económico; por ello, era necesario que se concediera una autorización expresa y además que los sitios seleccionados estuvieran lo suficientemente distantes de la ciudad de México para conservar el esquema centro-periferia que ofrecía un mayor control y seguridad económica y política.
"El reflejo espacial de centro-periferia expresa fielmente la imagen del poder absoluto. El centro es la imagen definida por relaciones inequívocamente isotópicas..." (Méndez, 1988: 60).

Así, estas ciudades se fundaron ya sea atendiendo a los cánones clásicos de localización, o en función de las fuentes de abastecimiento de materias primas o en razón de ambas causas. Se requería además el apego al marco jurídico vigente en el sentido de separar espacialmente a los indios de los españoles, y durante la época de mezcla racial, a los últimos respecto de las demás castas.

En relación a la fundación de la ciudad novo hispana, Eloy Méndez explica:
“el momento de la fundación era un hecho protocolario recogido en acta. A pesar de las variantes por casos, hay puntos comunes que suelen repetir una secuencia aproximada. Primero se elegía el lugar para un asentamiento prefigurado en planta, dibujado en plano; segundo, se tomaba posesión del lugar en nombre de los reyes, invocando a la Trinidad; tercero, se instalaba el rollo en torno al cual debía trazarse la plaza; cuarto, frente a la plaza se designaban los predios para la iglesia y cabildo; quinto, se trazaban las calles principales, manzanas y solares, ubicando el ejido; sexto, se nombraba al cabildo; séptimo, se sorteaban los solares para casas, con preferencia (para los vecinos de mayor jerarquía) del centro hacia la periferia. La distribución se respetaba en los casos de cambio de sitio para traslado del núcleo. Era consigna efectuar bien las construcciones, con orden tal que asombrase e inspirase respeto entre los gentiles”.(Méndez, 1988: 87).



Vale señalar que estas ordenanzas aparejaban a la segregación racial, la distinción de las actividades económicas de los miembros de la ciudad, por lo que quedaba establecida una clara diferenciación socioeconómica que se reflejaba en la estructura y los usos del suelo de la ciudad; los palacios y las construcciones suntuarias se ubicaban en un área de traza perfectamente ortogonal, a la que seguía un área con trazado irregular y construcciones de menor estatura que correspondían a los indígenas. Más allá de estos dos anillos se ubicaban el hogar de las castas y en forma adyacente la tierra de labor productiva. Para aquella época, la ciudad así fundada se entendió como una unidad económica, políticamente subordinada a la capital del virreinato, pero con administración libre en asuntos urbanos a partir de las decisiones tomadas por el cabildo, el cual se conformaba por los personajes españoles más ilustrados de la localidad a la manera de un actual consejo consultivo.

Asentamientos de fundación religiosa mendicante. En este caso, la fuente de decisión provenía de los frailes del monasterio, que comisionaban a otros, visitadores, para que fundaran nuevos asentamientos o consolidaran los núcleos indígenas ya existentes. Cabe mencionar que en el caso de la consolidación de poblados, su tamaño demográfico no importaba, pues aun cuando ellos fueran más grandes que las ciudades fundadas por decreto, conservaban la categoría de pueblo y se ordenaban a la usanza de los frailes, no de los decretos reales.

Los poblados fundados por los mendicantes se convirtieron en cotos de un poder absolutista religioso, donde si bien es cierto que se practicaba la igualdad de las personas, también lo es que había una severa discriminación motivada por el mayor o menor apego al proyecto religioso que se pregonaba; de esta forma, la ocupación de la ciudad también se formó con base en una cuadrícula, pero el centro lo ocupaban aquellos partidarios de la doctrina franciscana hasta la primera mitad del siglo XVI, para luego ser utilizada por los encomenderos con mayor poderío económico.

3. Urbanismo franciscano
Gerónimo de Mendieta es uno de los frailes franciscanos comisionados por la Corona española para evangelizar a la población indígena. Su constante preocupación por proteger a los indígenas le lleva a concebir un plan tanto político como urbano; en lo político, recomienda la separación de la república de indios, no para segregarlos sino en un afán de respeto a sus instituciones y modo de gobierno y, en lo urbano, crea un modelo en el cual es factible la sobre posición de una forma urbana con una estructura religiosa que convive con los trazados indígenas y con su modo de organización social. Este plan fue formulado en 1589 y parece haber influido en la fundación de todos los poblados franciscanos que se ubicaron sobre antiguos asentamientos indígenas.
“Estas ordenanzas son una mezcla de instituciones indias y españolas. De la cultura india se conserva el calpulli o, según traduce Alonso de Zorita, el barrio, organizado en centenas y veintenas y con sus respectivos jefes, los macuiltecpanpixque y los centecpanpixque... De la cultura española, se conserva el cabildo o consejo municipal... El alcalde mayor y el guardián del monasterio tienen la tarea de elegir el lugar para fundar el pueblo. En el centro estaría la iglesia con su plaza de armas. Los indios se distribuirían en barrios iguales...” (Nettel, 1989: 29).

Las ideas de Mendieta repercutieron favorablemente puesto que se ubicaron ya en una época en que el humanismo ha incidido en la Nueva España de manera definitiva. Ante la diezmada población indígena por enfermedades o malos tratos, era necesario pensar en un tipo de asentamiento humano en el que españoles e indígenas convivieran de manera pacífica en el afán de hacer productivo al territorio virreinal. De esta forma, se modifica radicalmente el primer planteamiento franciscano que consistió en la sustitución, vía dominación, de los antiguos edificios simbólicos indígenas, por los civiles y religiosos europeos. De esta forma, se crea efectivamente un movimiento de urbanización franciscano que tiende a la ocupación de antiguos poblados indígenas, vía pacífica, en la que los frailes diseñan una traza ortogonal ingenua que fundamenta la segmentación del espacio urbano en barrios, generalmente cuatro, cada uno de ellos adscrito a un templo. Vale mencionar que este modelo adecua a la concepción occidental la antigua organización urbano-espacial indígena de cuatro barrios, dada la visión cosmogónica franciscana de situar cuatro templos orientados hacia los puntos cardinales como elementos organizadores de un espacio cristianizado. Las tierras de labor indígena, generalmente comunales, son retomadas en este esquema de ciudad también como área productiva, con la diferencia de que sus frutos no recaían en la población que la trabajaba, sino que se canalizaban hacia los monasterios en razón de la manutención de los miembros de la orden franciscana que se ubicara en el lugar.

Con la ascendencia del poder civil y el freno al absolutismo franciscano, se instala en cada uno de los poblados fundados una representación del poder virreinal, de manera que la organización de la ciudad sobre esa base ortogonal preexistente se redefine para situar una plaza central en cuyos costados se organizan, en forma opuesta, la casa consistorial y el templo por una parte, y por la otra, las casas de los españoles de mayor poderío económico, generalmente formando arcadas que concedieran unidad a la parte central.

Las manzanas se organizan atendiendo a las dimensiones de los solares, generalmente en bloques cuadrangulares en los que los lotes de mayor tamaño se ubicaban más cerca del centro y, sobre esa misma disposición, lotes de menor tamaño en la periferia, destinados a la habitación indígena.

La ciudad se usaba como excusa para reunir a la población indígena que habitaba cercana al punto de fundación, de tal manera que era labor de los frailes el convencerla para que se asentara en los lotes baldíos que aún pudieran existir sobre la traza previamente construida, hasta alcanzar un tamaño de cuatrocientas familias, cifra que no era límite puesto que la disposición urbana permitía un tamaño indefinido dada la ausencia de murallas, que emulaba la libertad de la ciudad de México.

Los poblados franciscanos se concentran fundamentalmente en la Provincia que en aquella época se llamó del Santo Evangelio, la cual ocupaba parte del territorio de lo que actualmente es el Estado de Veracruz. En este territorio en particular, la ruta franciscana es ampliamente conocida, ya que se fundaron un sinnúmero de poblados a lo largo de los caminos que confluían a las dos rutas principales que comunicaban al puerto de Veracruz con la ciudad de México. Los franciscanos de la región dependían del Obispado de Tlaxcala, que en razón de su lejanía permitió que las misiones de Veracruz se desenvolvieran casi con absoluta libertad. El convento más importante de la zona cercana al puerto fue establecido en Xalapa, y a partir de él se derivaron visitas de los frailes errantes para organizar el conjunto de asentamientos humanos dependientes de esa sede evangelizadora.



4. Estudio de caso: Ixhuacán de los Reyes
Originalmente llamado Teo-Izhua-Can, que significa "lugar de las divinas hojas", posiblemente en referencia al maíz (Ramírez Lavoignet, 1984: 12). Posteriormente se le denominó Ixhuacán de San Diego; Ixhuacán de la Corona en honor de la Corona Española; Ixhuacán de los Reyes en tributo a los Reyes Católicos y finalmente es éste nombre oficial del poblado, aunque sus habitantes lo asumen en honor a los Reyes Magos. La denominación del poblado, conocida mayoritariamente por tradición oral, es testigo de las diferentes etapas del poder que ahí se ejerció, primero eminentemente religioso y después político-virreynal.

a). Antecedentes históricos
Teo-Izhua-Can fue probablemente fundado en el siglo XII por la cultura totonaca; fue punto de atracción comercial en su época y objeto de dominación de los teochichimecas y tlaxcaltecas. La ciudad actual se localiza en el mismo punto en el que existió el poblado indígena, adyacente a una ruta que comunica la Costa del Golfo de México con el Altiplano Central, que es la misma que utilizó Cortés en 1519 para acceder a Tenochtitlán. Dicho camino se constituyó posteriormente en el primer camino real, aunque perdió su importancia cuando se concesionaron ventas por la ruta Veracruz-Xalapa-Perote-Puebla-Ciudad de México.

La fecha de fundación del asentamiento franciscano no se conoce con exactitud, aunque existen dos datos que permiten ubicarla: por una parte, el registro del Tercer Libro de Defunciones existente en el Archivo Parroquial que inicia en el año de 1600, asumiéndose que la duración de cada libro es de treinta y cinco años, según se promedia en los tres siguientes. De esta forma, la fecha de fundación se ubicaría en el año 1530.

Por otra parte, se conoce la referencia de la visita del Obispo de Tlaxcala, Don Alonso de la Mota, en 1609, a un poblado ya consolidado, por lo que probablemente la fecha de fundación se ubique entre 1530 y 1560, si se considera que el obispo visitó el Sagrario del pueblo y que las construcciones tardaban entre cuarenta y cincuenta años en edificarse.

Ixhuacán fue cabecera religiosa de los poblados de su alrededor, inclusive de otros que en época prehispánica fueron más poderosos económica y políticamente; se subordinó a Xalapa y a Tlaxcala únicamente, por lo que su importancia regional ocupa un vasto territorio en la porción centro-sur del Estado de Veracruz.

La lejanía del asentamiento y lo difícil de su acceso una vez abandonado el camino virreinal, propició el decaimiento de este lugar hacia el siglo XVII, por lo que a la fecha, dada la lentitud de su dinámica demográfica y la mono funcionalidad de su economía, se encuentra casi intacto.

b). Forma
Entendida aquí como el arreglo de las partes de la ciudad tanto en lo que corresponde a la organización de su traza, la disposición de los solares, el uso del suelo, y la localización de los edificios civiles y religiosos como organizadores del espacio.

La traza del poblado es ortogonal con las irregularidades propias de un diseño que se trasladó a la realidad carente de instrumentos de medición. La cuadrícula no es interrumpida por dos ríos que cruzan el poblado, y se prolonga hasta contactar hacia el norte el Antiguo Camino Real. Parecería que se organiza a partir de dos ejes principales, uno en sentido norte-sur, que enlaza el Camino virreinal con una vialidad indígena localizada hacia el sur, y otro en sentido este-oeste, cuyos puntos últimos son la parroquia del lugar y una ermita que remata a dicha vialidad.(Ver plano 1).

La traza ortogonal aloja cuatro barrios que hasta la fecha conservan denominaciones religiosas: la Purísima, San Diego, la Luz y San José, cada uno de ellos partidos precisamente por estos ejes de organización.(Ver plano 2).

Se observa en el plano actual de solares que los lotes de mayor dimensión se ubican justamente alrededor de una plaza que se sitúa en la intersección de los posibles ejes organizadores del sitio, así como a lo largo de lo que fue el camino virreinal; los lotes menores se disponen alrededor de este espacio central, y ya fuera de estos ámbitos, se visualiza contemporáneamente particiones de predios rústicos dedicados a la agricultura, conformando un pequeño valle que da testimonio de una posible suficiencia económica basada en esa actividad, ya que más allá de esta área productiva, el poblado se encuentra rodeado hacia tres de los puntos cardinales por cordilleras que dificultan cualquier labor.

Los usos del suelo están organizados desde aquella época y hasta la actualidad de la siguiente manera: al centro, una plaza que ocupa un espacio menor a la dimensión de cualquier manzana del poblado. Dos de sus costados, en oposición, están ocupados por el cabildo y la parroquia; los otros dos, por arcadas que constituyen el frente de cuatro casas habitadas por españoles. Al lado de la parroquia, una venta, misma que se presume fue una de las primeras existentes en la Nueva España. En las salidas del poblado, que son cuatro, se ubican tres templos, de los cuales dos parecerían ser ermitas y el restante un templo de jerarquía intermedia entre éstas y la parroquia del lugar. El punto cardinal Sur, según la tradición oral, estuvo ocupado por un monasterio, mismo que se dice se hundió en razón de las oquedades presentes en el lugar. El resto de la traza está ocupado por habitación en la que se mezclan usos comerciales sin importancia relevante al contexto. Vale mencionar que las dos corrientes de agua que cruzan el poblado no son aprovechadas ni como valor escénico ni como organizadoras de los usos del suelo, ya que corren al interior de los corazones de manzana.(Ver plano 3).

Por su morfología -entendida como volumetría- el poblado se caracteriza porque los edificios de mayor altura corresponden a los religiosos, ya sea por la estatura edificada, o por el aprovechamiento para su ubicación de los sitios de mayor altitud. En segundo término, aparece la elevación del cabildo, hoy palacio municipal, que sólo fue superada durante el porfiriato por una construcción de dos niveles de la cual, el superior se derrumbó durante un temblor. El tercer sitio lo ocupan en esta jerarquía las casas españolas, de las que se conservan dos, y finalmente, aparecen todas las demás habitaciones, generalmente de un nivel, que tienden más bien a ser de escasa alturas.(Ver plano 4).

Las calles principales concluyen en un remate, el cual hace "cerrar el espacio", de tal forma que es evidente, aun en la actualidad, el tamaño original del asentamiento y las trazas que se le han venido agregando. El espacio interior a esta demarcación no distingue entre las distintas trazas que la ordenanza real señalaba para la fundación de ciudades, por lo que se puede considerar que es un vestigio más del modo urbano franciscano. Sobra decir que la ciudad no es amurallada.

c). Uso y función
La función inicial del poblado fue comercial durante el dominio indígena; durante el siglo XVI, a partir de su fundación franciscana, fue utilizada además de para la evangelización, para el descanso de los viajeros en la jornada Veracruz-México. Después de su esplendor se convirtió en una comunidad agrícola, actividad que hasta la fecha se desempeña con fines de autoconsumo. En la actualidad es cabecera del municipio.

Fuera de los edificios simbólicos, civiles y religiosos, las casas constituyeron unidades socioeconómicas, ya que en ellas, además de la habitación, se efectuaba el secado y el almacenaje de los granos y la crianza de animales domésticos. Existe distinción en el tamaño de las bodegas y los anexos productivos de la casa española y la indígena. En esta última, el tamaño de la bodega es considerablemente menor y se ubica generalmente a manera de tapanco; la menor dimensión obedece a que el producto de la cosecha no estaba destinado al peculio familiar como ya se ha mencionado.

Con el decaimiento de la actividad económica, las antiguas casas, inclusive las indígenas construidas de mampostería, fueron seccionadas, de tal manera que su programa arquitectónico original fue mutilado y sólo se conservan en las partes posteriores los grandes patios en los que se secaban y se almacenaban temporalmente los granos. Lo que sí se conserva a pesar del seccionamiento, es la fachada corrida a paramento de banqueta, la inclinación de los tejados y la composición de los frentes de la vivienda, ya que sus vanos verticales, antes utilizados para ventana, ahora se han acondicionado para ser puertas.

La escasa presencia del automóvil ha sido causa para la no modificación de la estructura de las viviendas. Los zaguanes que hasta la fecha se conservan provienen más del uso de la carreta y el acceso de los animales a las casas, que de la intromisión del primero.

En la actualidad, dado el reconocimiento de los valores urbanos y arquitectónicos del lugar, la autoridad municipal ha elaborado un programa de conservación urbana y un reglamento de construcciones que permita preservar la unidad de la fisonomía propia de la localidad.



5.- Conclusiones
• En Nueva España, la fundación de las ciudades atendió, durante el Siglo XVI, a dos fuentes distintas de poder: uno civil y otro religioso.

• El proyecto urbano de ambas instituciones es factible de ser remitido al modelo de ciudad ortogonal que derivó de las utopías europeas de la época, aunque cada uno de los poderes le dio distinta interpretación: para la autoridad civil dio base a una estructura espacial segregacionista, por castas y, para el proyecto religioso, la cuadrícula fue soporte de un todo continuo que debía alojar a una sociedad justa organizada alrededor de la iglesia.

• La forma de la ciudad franciscana es una de las más importantes en México en razón de su frecuencia. La organización del espacio urbano a partir de una traza cuadriculada ha permitido, en épocas posteriores, el crecimiento de las ciudades a manera de un continum, cuyo límite ha sido señalado por la propia naturaleza a través de sus accidentes o por el Estado mediante sus normativas, mas no por dificultad entrañada por el modelo mismo.

• En oposición, la ciudad del Siglo XVI fundada por autoridad civil, ha crecido con dificultad. La estructura por anillos que distingue además de castas, tipos de traza, ha generado estructuras urbanas caóticas que han debido ser intervenidas a posteriori, en razón de procurar el ordenado crecimiento de dichos poblados.

• El arreglo de los edificios es torno a la plaza central constituye uno de los rasgos más característicos del urbanismo novo hispano. Su coincidencia en las ciudades de fundación civil y religiosa, trajo como consecuencia que se tradujera en un paradigma de toda la época y las que le continuaron, y ha generado, junto con los espacios adyacentes a la plaza central, lo que ahora se conoce como centro histórico en las ciudades mexicanas.

• La función de la ciudad franciscana como herramienta para alcanzar una sociedad justa fracasó, aún sin haber concluido el Siglo XVI. Sin embargo, la función de la ciudad franciscana como unidad económica autosuficiente basada en la agricultura, persiste aún hasta la época actual en poblados pequeños que, apartados de las grandes ciudades, continúan con un desarrollo lento pero sostenido que les ha permitido conformar la gran red de asentamientos humanos que hoy día puebla parte de la porción central del territorio nacional.

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